Mes: abril 2017

Mi recompensa: ¡Mi plaza!

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Allí estaba yo. Después de tantas horas de viaje, callejear la tarde anterior y agobiarme un poco por el calor primaveral madrileño, ya estaba plantada en la puerta lateral del Ministerio de Sanidad. En seguida nos juntamos los 350 médicos citados para esa sesión. ¡Cuánta gente! ¡Y de todas partes! Por suerte de cuando en cuando me encontraba con alguien conocido y así tenía con quién charlar. Qué bien, ¡así se espera mejor!

En ese momento estaba “relativamente” tranquila. Pero luego nos hicieron entrar en el edificio y empezaron a llamarnos por número de orden. Ahí sí que me empecé a agobiar: hacía mucho calor, había mucho ruido, empezaba a estar nerviosa por la elección… Al final llegó mi turno y pude enseñar el DNI, pasar el detector de metales y recibir la acreditación para entrar en el famoso salón de actos. ¡Al menos ahí dentro se estaba mejor!

Miraba a mi alrededor. Había de todo: gente muy entusiasmada y alguno muy nervioso que no paraba de mirar a una lista ya muy arrugada. Entonces estábamos todos en silencio, como en un trance. Se me hizo interminable la espera, pero al fin la funcionaria de la mesa comienza a darnos las instrucciones y, casi una hora después, empezamos con la asignación de plazas.

Tenía a un montón de personas por delante, así que con la calma. Me esperaba algo un poco más emocionante; echaba en falta algún aplauso o algo cada vez que alguien elegía plaza. Estábamos todos como muy concentrados, no se oía a nadie hablar. Yo estaba en mi mundo, como viendo qué escogían las personas de mi turno pero sin asimilarlo bien. De cuando en cuando escuchaba un nombre conocido que escogía su plaza: ¡qué bien! ¡Buena elección! Otras veces la funcionaria decía la especialidad que quería hacer y me daba un vuelco al corazón. ¿Toca tachar ya algo o todavía no toca? Ah, no, que cogió en otro sitio. Pero el temido momento llegó: adiós segunda opción, ¡no pudo ser! Así que o era mi primera opción o la tercera, además de otras muchas en las que quedaban todavía plazas sueltas. De cualquier forma, mi lista iba menguándose y empezaba a pensar que si no tendría que haber visitado más hospitales. Durante un largo rato nadie volvió a escoger mi especialidad, pero pasados unos cuantos números de orden volvía a escuchar el nombre de mi especialidad, sólo que eran plazas de otras ciudades. ¡Uf, alivio! Y, en resumen, así ha sido la elección: esa montaña rusa emocional en bucle durante muuuuuuuucho tiempo.

Hasta que nos llaman a mí y a otras 10 personas para bajar a la mesa. Entonces me despierto de mis ensoñaciones y asimilo que me toca ya. ¡Eh, pues ya es muy probable que me toque mi primera opción! Va pasando un compañero, otro, otro, otro… Hasta que me da por echar cuentas. Espera… ¡Ya está! ¡Ya es mía! ¡Hay menos aspirantes por delante de mí que número de plazas disponibles para lo que quiero! ¡¡¡¡¡Síiiiiii!!!!!

Finalmente me acerco a la mesa. Intento no trabarme ni hacer el ridículo (¡qué nervios!) y le digo al funcionario lo que quiero. Compruebo que está bien… ¡¡¡¡ENTER!!!!

Oftalmología

¡¡¡¡Síiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii!!!!

Pero, espera, ¿no me tienen que dar una acreditación? Ah, que es al final del pasillo. Supongo que lo habrán explicado al principio, pero estaba tan en mi mundo que o no me di cuenta o no me acordaba ya XD .

Luego salí… Y vi a mi familia, a algún amigo, gente a mi alrededor celebrándolo… Me sorprendió muchísimo. Fue como cuando salí de hacer el examen MIR aquel 28 de enero y. de repente, vi a toda aquella gente animándonos, con pancartas… Empiezo a tener un subidón, me lloran los ojos… Lo he logrado.

Muchísima suerte a todos los que os toca coger plaza. Es un momento inolvidable, precioso… Uno lo pasa algo mal dentro del salón de actos, pero merece la pena.

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¡Mi Maratón MIR cumple 1 año!

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Hace un año, una dubitativa estudiante de Medicina que finalizaba su Trabajo de Fin de Grado y entregaba los portafolios de sus últimas prácticas clínicas, confesaba por internet el vértigo que sentía al ver que su siguiente paso era la preparación intensiva del examen MIR + todo lo que vendría después. Un año después, el vértigo es aún mayor. Ahora que ya tengo mi número definitivo, ya sé cuándo tengo que ir al Ministerio e incluso ya tengo hecha la lista (aunque quizá cambie el orden de preferencia de algunos hospitales), me he parado a pensar en cómo será lo de ser ya residente: las primeras rotaciones, las primeras guardias, coger yo siempre el busca… Nuevamente volvemos a tener esa mezcla de miedo e ilusión, esas dudas y esa incertidumbre… ¡Bonito viaje el de hacerse médico!

Así que hoy estamos de celebración. ¡Muchísimas gracias a todas las personas que han seguido mis aventuras en este blog! ¡Y por vuestros comentarios!

En otra entrada os decía que andaba a la busca y captura de EL hospital. Bueno, puedo decir que lo encontré: buen ambiente, buen programa de rotaciones, adjuntos docentes, muchas posibilidades para investigar, número aceptable de cirugías, ciudad con alquileres baratos y agradable… Pero se encuentra a 8h de coche o tren (con muy malos horarios) de mi familia, muy mal comunicada para llegar con otro medio de transporte y no sé yo si en medio de una residencia llevaría bien pegarme tal paliza con el coche mínimo una vez al mes. Me ha dolido mucho, pero lo he tenido que descartar. ¿El resto? En general muy buenos. Para mí lo imprescindible de un servicio es: buen ambiente + adjuntos docentes + número de cirugías suficientes para todos los resis y en el 95% de los hospitales que he visitado se cumple con creces. Todos tienen sus puntos fuertes y sus puntos flojos, hasta tal extremo que para mí existe prácticamente un empate y por lo que me he acabado decidiendo ha sido más por el factor geográfico y la calidad de vida de la ciudad que por otra cosa. ¡No sabéis el alivio que siento ahora mismo al tener más o menos las ideas claras! Hace unas semanas no paraba de darle vueltas y vueltas a la cabeza, con viajes cada semana para conocer más hospitales, llamadas a otros sitios, buscando por internet maneras económicas de acercarme a dichos hospitales. ¡El postMIR es peor que el MIR!

Al final mi primera opción es el hospital de mi ciudad. Cumple con la tríada anterior y, además, existen muchas posibilidades de hacer currículum (la universidad tiene másteres de la especialidad, formación continua, postgrados, un doctorado muy dirigido a los temas que más me interesan, etc), sólo que toca currárselo mucho y no está tan facilitado el tema de las publicaciones como en otros hospitales punteros de Madrid o Barcelona. Creo que la residencia es un periodo para formarse muy bien en lo clínico y que el tema de las publicaciones, sin dejarlo totalmente de lado, es algo para lo que siempre existe tiempo, así que creo que estoy tomando la decisión correcta. Ha habido momentos en los que pensaba que me gustaría cambiarme de ciudad, otros en los que quería quedarme… Un vaivén de ideas contradictorias, pero es que… ¡A mí nunca me ha gustado tomar decisiones! Al final he optado por estar cerca de mi familia y poder cuidar de ellos como se merecen, al mismo tiempo que puedo hacer una muy buena residencia si trabajo mucho. Si no me da el número, no pasa nada, porque existen hospitales que ofrecen una excelente formación a tan sólo 2-3h en coche y tengo hecha una lista larga, así que confío en que pueda caer en alguno de ellos 🙂 .

Ahora que está todo el trabajo hecho, toca descansar. ¡Por fin! Vamos a intentar llegar frescos a la residencia que luego nos faltarán muchas horas de sueño jeje.

Un abrazo a todos.