Mes: abril 2016

Decidir especialidad: Reflexiones

Me imagino que dudar ante algo así será lo normal, y lo más raro será tenerlo todo claro, y más a estas alturas todavía. De hecho, es probable que quién lo tenga todo tan definido esté idealizando su especialidad, puesto que todas tienen sus pros y sus contras, y me atrevería a decir que los residentes no están seguros de que eligieron bien hasta bien entrada la residencia.

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La mayor parte de los estudiantes no sabemos cómo es el trabajo en el hospital. Lo hemos visto, sí, pero sólo durante unas horas por la mañana, antes de salir corriendo a comer para luego ir a clase (aunque esta situación cambia en sexto, cuando tienes otro tipo de visión de la Medicina). Así pues, por ejemplo, todos nos imaginamos una parte del trabajo del internista, pero quizá no vemos quedarse a los residentes por la tarde para hacer mil informes de alta, o lo que es enfrentarse con cierto tipo de pacientes terminales que ingresan con bastante frecuencia, o lo que es pelearse con otros compañeros en el hospital durante las guardias para que ese paciente ingrese donde le corresponda. De modo que puede pasar que cojamos especialidad sin saber apenas cómo se trabaja, cómo se vive. Sabemos lo que tenemos que dar, pero no sabemos lo que nos van a dar a nosotros.

También vemos las cosas de otra manera. Nos imaginamos la vida de los residentes como una vida mejor a la de estudiante: tendrás más independencia, responsabilidad, te sentirás médico, un profesional y además podrás ganar un sueldo, irte de casa de tus padres, vivir con tu novio, no hay que estudiar tanto (mentira), etc. Te imaginas las guardias de 24 horas como algo emocionante, algo innerente a la profesión, algo que vas a soportar muy bien. Cuando rotas por el hospital y te encuentras a ese residente o ese adjunto joven quemado, piensas que es sólo por su carácter, que no es por su trabajo, que cómo va a ser por el trabajo si es maravilloso y que a ti nunca te va a pasar.

Los años suelen poner todo en su lugar. Cuando ves muy de cerca el cumplir 24 años y estudias Medicina, sueles ver como todos tus compañeros del instituto, por el contrario, hacen su vida: como trabajan (más bien como van tirando en tiempo de crisis), como hacen planes a largo plazo con su pareja, como tienen cierta calidad de vida, etc. Cuando sabes que vas a tener que empezar a trabajar de verdad con 25 años, ya no ves tan lejos los 30. Y te preguntas cómo quieres vivir y ves que toca hacer malabares para ser madre y cuidar de los hijos. Ves que con 30 años saldrás de una especialidad y te tocará buscar trabajo, de modo que te planteas las cosas de otra manera: ya reconsideras un poco lo de hacer la especialidad más molona, sino otra que tenga salidas, unos contratos más o menos estables (mucho pedimos ya aquí) y un poco más de calidad de vida para ser feliz y cumplir tu proyecto de vida. Ahora entiendes por qué la gente coge en primer lugar opciones como Dermatología (incluso la empiezas a ver mínimamente interesante). Será por numeritis, pero también porque es gente lista y previsora.

No hay una receta mágica para decidir que hacer una vez que superes el examen MIR. Para dedicarte a algo toda tu vida, tendrá que ser algo que te apasione (pero también pasa, por gente que otros años no tuvo número para hacer lo que quería, se metió a otra especialidad y ahora están encantados). También parece razonable dedicarte a algo que te permita tener trabajo y cierta calidad de vida al terminar la residencia, pero puede que te metas y te aburra la especialidad, o que no te sientas médico por hacer algo tan rutinario y que deje de lado lo sistémico. Luego entran también otros factores, cómo saber si voy a ser bueno o no. Esto ocurre mucho en las quirúrgicas y las médico-quirúrgicas. Puede pasar que al principio te cueste mucho aprender pero que luego encuentres el ritmo, o puede simplemente que se te dé mal y no llegues a dar todo de ti porque quizá esa no sea tu especialidad.

En definitiva, no es fácil. Es una decisión muy personal y uno no está exento de poder equivocarse. ¿Qué hacer? Pensar qué es para cada uno lo más importante y priorizar. Saber que nada en la vida es perfecto y, por tanto, no existe una decisión perfecta. Y para los que ya hayan hecho el MIR, visitar hospitales como locos.

Academias para el MIR: Mi experiencia

Quinto curso es ese año en el que estás hasta los c****** de estudiar las últimas asignaturas teóricas, se te acumula el cansancio y el desánimo de tantos años de estudio y a ese ritmo, estás muy descontento con tu facultad y cómo funciona, sientes que sales sin saber nada… También es el año en el que las distintas academias para preparar el MIR vienen a darte la charla come-cocos y los estudiantes se hacen la picha un lío para escoger, puesto que todas dicen que tienen 45646 alumnos entre los 100 primeros, todas tienen un 500% de aprobados y todas te garantizan tu plaza. Entre otras bondades.

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Puedes coger la academia verde, la naranja o la azul.

¿Cómo elegí yo? Pues, en primer lugar, me hice a la idea, preguntando a otra gente, de que, en general, todas las academias preparan bien y el temario suele ser el mismo y que, como siempre, lo que marca la diferencia es el esfuerzo de cada uno. Lo que tenía que hacer, simplemente, era coger el método con el que me sintiese más cómoda. Así que por sus manuales, porque eran los que con diferencia más me gustaban, por su precio, más asequible que con otras opciones, por su método (más simulacros y menos clase) y su “buen rollo” escogí AMIR. En concreto, escogí la opción más completa: curso de sexto en octubre + intensivo.

A escasos meses de terminar la primera vuelta, creo que puedo compartir ya mis impresiones:

¿Estoy contenta? De momento, mucho. Tanto por cómo funciona, por la organización del curso, como por todo lo aprendido.

La primera vuelta consiste en ir a clase, hacer simulacros y leer y subrayar los manuales.

Las clases suelen ser generalmente los sábados y todo el día, aunque las primeras asignaturas son más light y suelen durar hasta la hora de comer. Esto es, suele ser de 09:00 ó 10:00h hasta las 19:00h ó 20:00h, dependiendo de la clase y del profesor. Aunque a priori parezca una pesadilla, os puedo decir que se hace muy ameno: los profesores son geniales, saben captar tu atención y te ríes (mucho). ¡Ah! Por cierto, los profesores vienen a darte clase a la sede, nada de estar viendo vídeos en primera vuelta. Yo era de aburrirme mucho en clase y, la verdad, que con los descansos y tal (los solemos pedir nosotros), estoy tolerando muy bien el ritmo y les estoy sacando mucho partido. El calendario de la primera vuelta te lo proponen ellos, pero si la clase quiere hacer algún cambio (viaje de estudios, cena de clase, graduación, etc) y les avisas con tiempo, suelen facilitarnos la vida.

La otra parte es hacer los simulacros. Si no me equivoco, se hacen un total de 11 en primera vuelta. Son simulacros enteros, con sus 235 preguntas, con el mismo tiempo, con su cuadernillo de imágenes y su plantilla exactamente igual a la del ministerio. Esta es la parte fundamental de la preparación, tanto hacerlos todos como corregirlos todos (lleva bastante tiempo, pero es como más se aprende). Además, yo suelo corregir toooodas las preguntas porque muchas las acierto al azar. Al principio me parecían eternos, estar 5 horas haciendo un examen tipo test cansa mucho y llega un momento en el que ni sabes ya lo que lees. Pero luego con el tiempo te acostumbras, entiendes la táctica MIR, te sabes las cosas que más preguntan, subes netas conforme avanza la preparación… Y también destacar las tutorías para cada simulacro, que aunque yo no estoy yendo a muchas, te ayudan a aprender los conceptos más importantes o acertar preguntas sin sabértelas por pura técnica de examen.

Por último está la parte de leer y subrayar los manuales. Te suelen dar una semana como máximo para leer y subrayar la asignatura que ya diste en clase, pero por las guardias del rotatorio o porque simplemente te apetezca hacer otras cosas en tu tiempo libre, generalmente este aspecto se descuida un poco. Yo de momento procuro llevarlo bastante al día, aunque confieso que tengo acumulados tres manuales sin leer ni subrayar. Por último añadir que ellos te suelen dar una tutoría para saber como subrayar tus manuales (nada de llenar ahí tus libros de amarillo tontamente).

¿Hay algo que no me guste de la academia? De momento, poco. Suelen decir que la plataforma informática está algo anticuada, pero, francamente, te da absolutamente igual. La página sirve para lo que sirve: subir la plantilla de tus simulacros, ver tus resultados y corregirlos (aunque recomiendo bajarse la App para el móvil, es mucho más cómoda). Luego tiene otras utilidades: puedes ver vídeos resumidos de las asignaturas que lleves mal (VideoAMIR), ver esa clase completa a la que no pudiste ir en su día (AMIRTv), el foro de dudas y, también, hacer exámenes de asignaturas o temas en concreto que necesites repasar. Otra herramienta, para mí muy útil, es la de ver tu histórico de fallos e ir volviendo a hacer las preguntas que fallaste en tus simulacros. Por último, también puedes poner tus objetivos (tal especialidad en tal hospital) y ver qué número de netas aproximadamente necesitas para conseguir tal objetivo.

En resumidas cuentas, de momento estoy muy contenta. Aunque claro, queda ver cómo me irá en el MIR 2017.

De prácticas por el hospital

A lo largo de todos estos años, concretamente a partir de tercer curso, he hecho las prácticas de la carrera rotando por diversos servicios. ¿Para qué sirven, en teoría, estas prácticas? Se supone que todas ellas tienen una serie de objetivos del estilo hacer x historias clínicas, hacer x electrocardiogramas, interpretar x placas de tórax, hacer una exploración ginecológica completa, etc. ¿Se cumplen estos objetivos? En mi hospital, no. Entonces, ¿sirven para algo las prácticas? Para mí, sí. A veces te encuentras a gente genial por el servicio que te explican y vuelves a clase con algo aprendido, a veces simplemente te lo pasas genial con ese residente o adjunto que es la caña. A las malas, te puede servir únicamente para conocer la especialidad, ver su trabajo y cómo es su día a día, si viven bien y si  ves que es tu especialidad (y para conocer también el servicio y ver si te ves tú ahí trabajando), que no es poco ya. A las buenas, y con más frecuencia de lo que se piensa, te dejan hacer cosas y puedes lavarte para ver y ayudar en esa cirugía, poner una sonda, hacer otoscopias, escribir un curso clínico, etc… Y también las clásicas historias clínicas que el estudiante hace en un papel y después presenta a su tutor.

Ahora bien, en los que somos de Grado y ya casi en todas las universidades, el último año suele ser íntegramente práctico y tener un carácter especial, una espe4054877_700b_v1cie de internado pre-Residencia en el que se busca que el estudiante esté lo más integrado en el servicio posible y lleve a cabo tareas con cierta autonomía, aunque siempre supervisado. ¿En qué consiste exactamente? En que el estudiante haga todo un año práctico rotando por diversos servicios, generalmente por una especialidad médica, otra quirúrgica, por atención primaria, urgencias y pediatría, ginecología y psiquiatría, y realizando pequeñas tareas como hacer alguna historia clínica, escribir algún informe como un curso clínico o un alta, lavarnos en algunas cirugías y coser el plano cutáneo, quitar drenajes, extraer sangre, poner vías, hacer sesiones para el servicio y un largo etcétera. Sobra decir que el cumplimiento de estas tareas depende más de cómo sea ese servicio y de la disposición del tutor (no siempre tan buena), aunque el interés y la motivación del alumno son fundamentales.

Ahora bien, para los que hayamos hecho prácticas en el extranjero con algún tipo de programa de intercambio, sabemos que la calidad de las prácticas es muy inferior a cómo se hace en las facultades de Medicina de otros países. Cuando yo estuve fuera, me lavaba mucho más en quirófano, tenía una lista de pacientes a “mi cargo” en los que yo hacía la anamnesis y escribía el curso clínico en el ordenador con mi propia clave (siempre supervisada, ojo, ya fuera en el momento o después cuando volvíamos a pasar planta todos juntos), hacía yo los ingresos… En el extranjero, el estudiante de Medicina tiene un papel mucho menos secundario que aquí y eso es mucho más gratificante, pero también los adjuntos suelen ser más exigentes, hay que trabajar mucho (salía a las 18-19h casi todos los días) y el verte tan solo en ciertas situaciones puede ser agobiante, además de que donde yo estuve, había mucha competencia entre los alumnos.

¿Estoy contenta con el nuevo rotatorio para alumnos de último curso? Sí, sin duda. Podría ser mejor y he tenido rotaciones que eran para dar de comer a parte, pero, en general, la experiencia ha sido positiva y he aprendido mucho. ¿Qué me ha aportado? Pues además de lo típico de aprender conocimientos sobre las distintas especialidades por las que he rotado y algo de soltura al interactuar con los pacientes y al hacer algo de manos, también me llevo bastantes amistades (R1 fundamentalmente) y el ver la Medicina con otros ojos. También para reconsiderar la especialidad que quiero hacer, al ver cómo es realmente, y tener un mayor gusto por las especialidades quirúrgicas, planteándome una médico-quirúrgica (no tanto las quirúgicas puras, que yo quiero trabajar para vivir y no al revés).

Además, una experiencia como ésta nos permitirá, a los que empecemos pronto la residencia (glups), enfrentarnos con más seguridad a las guardias y a todo el primer año de R1. Que ya no está tan lejos…

Vértigo

Es lo que se siente normalmente a escasos meses de terminar la carrera de Medicina. Parece que fue ayer cuando empezamos, y ahora lo que veo más que inminente es terminar el rotatorio, defender el TFG y después preparar el MIR de forma intensiva (“ya sois los siguientes”). Casi nada.

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Es extraño, y nunca pensé que llegase a experimentar esto, pero me da pena. Creo que voy a recordar esta etapa con mucha nostalgia, pese a que, sobre todo los años anteriores, lo único que quería era que esto se acabase lo antes posible.

¿Aproveché bien la vida universitaria? Podría decir que sí. Hice de todo: un mes con los intercambios de IFMSA, un Erasmus, voluntariado e incluso he trabajado con una beca en la universidad. ¿He hecho algo mal? Sí, debería haberme preocupado menos por tonterías y vivir más los que deberían ser los mejores años de tu vida. Ojalá lo hubiese sabido antes, ahora que tengo tan cerca esa montaña rusa que es la preparación del MIR + la residencia (con unas pedazo vacaciones de por medio, pero que en las que me dedicaré a dudar y a tener miedo de no poder escoger lo que quiero)

¿Volvería a estudiar Medicina? Sin duda. Creo que no existe una profesión más gratificante. A día de hoy, no me veo haciendo otra cosa.