Creciendo, aprendiendo… A mitad de R1

¡Hola! Dios mío, no me puedo creer lo abandonado que tengo esto. La residencia te absorbe, es así. Ahora entiendo por qué todos los blogs de medicina que sigo reducen drásticamente la periodicidad de publicaciones cuando el autor empieza la residencia jaja. Yo era una persona que nunca hacía la siesta por la tarde, porque nunca estaba cansada… ¡¡¡Y ahora no tengo más que sueño todo el día!!!

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Hoy me he parado a pensar que, si quito de la ecuación todo el mes de febrero en el que los R1 de oftalmo nos vamos a Madrid a un curso intensivo de iniciación a la oftalmología (es una experiencia chulísima, aprendes un montón y conoces a todos tus coR de toda España, ¡tengo muchas ganas!), ya estoy a mitad de mi primer año de residencia. ¡El tiempo vuela! Durante estos meses he hecho guardias, he trabajado de forma incansable atendiendo las urgencias del busca, las interconsultas y revisando en consulta los pacientes de las guardias, he ayudado en quirófano, me he enfrentado por primera vez a las “verdaderas” urgencias oftalmológicas (un glaucoma agudo, un perforado, una laceración del canalículo, dos endoftalmitis, varios abscesos corneales…). Ha sido un no parar. Un no parar que me ha hecho crecer mucho como persona, ser más autónoma y hacerme más fuerte y decidida en las situaciones difíciles.

Eso sí, yo pensaba que, en el punto en el que me encuentro ahora, sabría muchas más cosas de las que sé ahora. Cuando empecé y vi a los R2, me fascinaba pensar que yo en un año sería tan resolutiva y capaz de manejar con soltura tantas y diferentes patologías. Ahora que estoy a mitad de camino, veo lo difícil que es llegar hasta allí y me pregunto seriamente si estaré a la altura. Todavía nos quedan 6 meses, así que intentaremos aprovecharlos lo mejor posible.

Estoy muy satisfecha con mi especialidad, Oftalmología. La volvería a coger sin lugar a dudas: es muy visual, muy bonita, muy resolutiva, curamos pacientes… Lo malo, quizá, es la enorme curva de aprendizaje que tiene todo, y no sólo cuando hablamos de la parte quirúrgica. Cuando llegas al servicio, no sabes tomar la tensión ocular, entrar a fondo de ojo, la lámpara de hendidura es complicada y no sabes ver un tyndall o una queratopatía punteada superficial, de la ecografía o interpretar una OCT ya ni hablamos… Pero bueno, lo cierto es que en un par de meses ya te manejas y poco a poco vas aprendiendo a manejar todos los aparatos que hay.

Una de las cosas que más me sorprendió es el volumen de problemas oculares que hay en urgencias en cualquier día normal. Se podría decir que, de los triados en “verde”, un 20-30% es patología ocular o síntomas visuales como mínimo (es muy típico que te llamen por una amaurosis fugax o un equivalente migrañoso por no historiarlo correctamente como para darse cuenta de que la causa es neurológica). Esto hace que las mañanas con el busca sean “moviditas” y también las guardias por la tarde. ¿Lo bueno? Que por la noche no suelen venir pacientes y se suele dormir mucho en una guardia normal. Otra cosa que me sorprende es lo poco que gustan los ojos a los médicos de urgencias y residentes de otras especialidades jaja. No sé si es por desconocimiento, por el coñazo que supone hacer siempre una agudeza visual en la consulta de urgencias, por tener que andar siempre con cuidado con guantes porque siempre viene alguna conjuntivitis por adenovirus o por lo delicado que hay que ser para sacar un cuerpo extraño corneal, pero lo cierto es que todo el mundo me dice que no le gusta y que los ojos le dan grima XD .

Lo que más me gusta de mi especialidad son dos cosas, la independencia y la tranquilidad. Es muy independiente porque no necesitas hacer interconsultas a ningún especialista para manejar tu patología (excepto en el caso de las uveitis, que necesitas pedir una consulta a Medicina Interna para que investigue la causa si son muy recidivantes), ni siquiera a un radiólogo. Tú historias, tú exploras, tú haces las pruebas complementarias si son necesarias (una OCT o una ecografía si no entras a fondo, etc) y tú sigues a ese paciente en consulta hasta que pueda ser dado de alta. No sé si existe una especialidad que sea taaaan independiente como oftalmología (¿anatomía patológica, ginecología quizás?). En cuanto a la tranquilidad, me refiero a que existen muy pocas cosas que sean realmente urgentes, es decir, algo que no pueda esperar al día siguiente, a los dos días siguientes o incluso a una semana o un mes. Mucha gente se sorprende, por ejemplo, la tranquilidad con la que das de alta un desprendimiento de retina con una cita al día siguiente, sin programar un quirófano urgente esa misma tarde, hacer un ingreso o algo así. Esto te da una tranquilidad de cara a las guardias que no existe en todas las especialidades.

Como podéis ver, estoy en general muy contenta. Hay días mejores y peores, como todo, y es que la residencia es muy dura hagas lo que hagas y dónde la hagas. Tu vida cambia por completo si lo comparas con la vida universitaria o los meses de preparación del MIR… Casi todas las cosas van a mejor, alguna a peor (todo corre a tu cuenta, estás más solo…), pero, por lo general, merece la pena y empiezas a disfrutar de ser médico (¡porque ya lo eres!).

Y no sé que más contar. Quería hacer alguna entrada divulgativa pensando más en el interés general de los pacientes sobre algunas de las patologías más prevalentes, pero no sé si encontraré tiempo y energías para ello. Me despido deseando mucha suerte a los que están caminito del MIR 2018. ¡¡El 10 de febrero vais a arrasar!!

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Rotación en urgencias generales

¡Hola!

Hacía tiempo que no me pasaba por aquí. Entre la residencia y otras obligaciones he estado muy liada, y más en este mes que he estado en urgencias. Hace relativamente nada estaba aburrida en la primera semana de cursos y, ahora, durante esta semana, necesitaba ya que llegase el fin de semana para descansar un poco. El ritmo de trabajo va incrementándose progresivamente y también lo hace la responsabilidad que tenemos.

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Me llevo muchas impresiones y nuevas experiencias de este mes en la urgencia: la primera vez que vi una pancreatitis aguda, con un paciente retorciéndose de dolor en la sala de espera con el cuerpo inclinado hacia delante, tal cual viene en los libros clásicos; un paciente con dolor torácico y palpitaciones, al que he tenido que sacar de la consulta para que le hicieran un ECG urgente y en el que se veía una infradesnivelación del segmento ST que no tenía en estudios previos; cuando tuve que salir corriendo porque en un paciente monitorizado vi lo que creía que era una TV (luego resultó que era una FA con conducción aberrante al comparar con ECGs previos) y así un largo etcétera. También varios pacientes muy demandantes, coléricos y con un manejo difícil que han puesto a prueba mi paciencia a altas horas de la madrugada. En definitiva, no ha sido un mes fácil. Por eso, hoy me siento muy orgullosa.

La medicina es dura. Es una profesión en la que siempre te exiges y das el 100% y, aún así, muchas veces, sientes que no es suficiente. Que o no llegas hasta donde tú quieres llegar o simplemente algo o alguien te lo impide. Es el caso de muchas personas que acuden porque están enfermas, tienen consulta con el especialista para el año que viene y necesitan que los vea un médico, aunque tú sólo puedes darles analgesia y decirles que esperen a que los vea el especialista. Esta situación comprende, aproximadamente, el 50% de las consultas que se hacen en urgencias y es algo tanto frustrante para el paciente como para el médico. Me he dado cuenta de que, en general, las personas de edad avanzada hacen un mejor uso de las urgencias hospitalarias que los pacientes más jóvenes: vienen derivados de su médico de atención primaria y por un problema que, por lo general, sí suele requerir atención médica urgente.

Pero no todo ha sido tan duro. Ha habido días muy buenos en los que he disfrutado de ser médico: un paciente con una agudización de su EPOC que me ha dado las gracias por haberle puesto unos inhaladores y haberse puesto mejor, así como un paciente al que le saqué un cuerpo extraño del ojo que le llevaba horas molestando. Es posible que la situación de los médicos en España haya empeorado, que ahora hay una mayor carga asistencial, son más frecuentes las faltas de respeto y amenzas, etc… Pero para mí sigue siendo la profesión más bonita del mundo.

En fin, ha sido un mes intenso, del que me llevo muchas experiencias y conocimientos nuevos. Es posible que muchas cosas no me sean útiles en mi futuro desempeño en la Oftalmología, pero, al menos, he aprendido a atender pacientes, o, al menos, a hacerlo mejor de cómo lo hacía antes. Poco a poco vamos creciendo e intentando mejorar cada día.

El lunes empiezo ya en mi servicio y me muero de las ganas. ¡Por fin en casa! Ya os contaré cómo me va todo 🙂 .

Consejos postMIR: ¿Cómo adaptarme al intensivo?

¡Hola!

Sois muchos los que estáis ahora en unas más que merecidas semanas de vacaciones tras terminar la carrera de Medicina (¡¡¡Enhorabuenaaaa!!!) y comenzar a preparar de forma intensiva el examen MIR. Algunos os preguntaréis, ¿qué tengo que hacer ahora? Mi respuesta sería: descansar, descansar y descansar. Únicamente si queréis hacer algo… Haría algunas preguntas del Libro Gordo por primera vez sin marcar nada en el mismo y ya.

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Algunos me pidieron en los comentarios una entrada sobre cómo adaptarse las primeras semanas al intensivo, a sus horarios, su exigencia, etc. Creo que lo mejor es hacerse un buen horario de estudio (mínimo 8-10h/diarias) y seguirlo a rajatabla. Se trata de ir creando un hábito como puede ser cualquier otro: salir a correr, seguir una dieta sana, dejar de fumar, etc; es decir, las primeras semanas nos costará más, las siguientes menos y, al cabo de unos meses, será un hábito más y lo haremos sin esfuerzo.

Otro truco para que estas semanas sean lo más llevaderas posible, es tratar de comprender bien cómo debéis trabajar a partir de ahora. Cada academia tiene su método, pero en todas ellas hay tutores que estarán a vuestra disposición para cualquier duda que tengáis sobre cómo utilizar el material que se os ha proporcionado, qué cosas hay que priorizar, cómo debéis trabajar el Libro Gordo, etc. En AMIR los tutores os hemos enviado un correo explicando de forma detallada el funcionamiento de la segunda fase para que lo tengáis siempre presente y acudáis a él en caso de necesidad. En su momento he hecho varias entradas sobre cómo hacer los simulacros y cómo hay que trabajar en cada fase que te pueden ser de ayuda.

Es importante recordar que, a partir de ahora, hay que estudiar en serio y evitar que se nos acumulen las tareas. Hasta ahora sólo había que leer los manuales e ir subrayando ideas; ahora es necesario empezar a memorizar. Es mejor seguir directamente el planning propuesto por la academia y, durante las primeras semanas, no hacer nada más. Hacer lo que toca cada día y, después, descansar. Es probable que uno piense las primeras semanas que puede estudiar más horas de las recomendadas (8-10h/día) porque no se encuentra cansado, pero luego a la larga esto puede pasar factura. Es importante reservarse también unas horas de ocio/ práctica de deportes para que el cambio se nos haga menos duro; de lo contrario, tendremos la sensación de que vivimos para estudiar, nos aislaremos de nuestra familia y amigos y ello repercutirá de una forma u otra en nuestro rendimiento. Buscad siempre un equilibrio.

Es posible que algunas personas os cambiéis de ciudad para preparar el MIR. En este caso, el periodo de adaptación puede ser aún mayor: no sólo hay que hacerse a una nueva etapa sino que nos toca desenvolvernos en una ciudad que no conocemos y hacer nuevos amigos, conocer compañeros de piso, etc. Mi consejo es que no os agobiéis por esto y que vayáis poco a poco intentando adaptaros a vuestra nueva situación.

En resumen, pensad que es una situación temporal y poco a poco os iréis haciendo. Al principio vais a tener cierta sensación de inseguridad, no sabréis si estáis trabajando bien o si lo estáis haciendo mal. Haréis el Libro Gordo con bastantes dudas y os costará ponerle a una pregunta el color verde  aunque sea la cuestión más sencilla del mundo. Las primeras asignaturas os las estudiaréis con todo lujo de detalles y os daréis cuenta de que, al cabo de unas semanas, se os irán olvidando cosas… Todo ello es normal, a todos nos ha pasado y aquí estamos. Las preguntas que nos sepamos bien habrá que marcarlas en verde para no perder el tiempo en las siguientes fases y los detalles que se nos olvidan los repasaremos corrigiendo simulacros más adelante y repasando en las siguientes fases. No pasa nada.

Por último, os aconsejo apoyaros en vuestro tutor para cualquier problema o duda que tengáis durante estas semanas de adaptación. La mejor manera de no tropezar es saber en todo momento qué es lo que hay que hacer y cómo hay que hacerlo, y ahí entramos nosotros para ayudaros cuándo lo necesitéis.

Espero que os haya sido de utilidad. ¡Muchísimo ánimo con vuestra preparación!

Mi primera guardia

¡Hola! Hace nada os estaba explicando que estaba haciendo los aburridos cursos de R1 y, pocos días después, ya me ha tocado hacer mi primera guardia. De hecho, me he tenido que quedar de guardia en mi primer día de trabajo como R1. Empiezo con muy buen pie la residencia XD .

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Este mes empiezo en Urgencias generales. Sé que lo normal es que los resis de oftalmo no tengan que rotar por otros servicios y tampoco hacer guardias de puerta, pero bueno, mi hospital es peculiar y en esas estamos. Algunas cosas de las que aprendo son útiles para mi especialidad, otras no tanto. En cierto modo ahora es cuando soy “médico de verdad” y no una “cachitóloga” y eso tiene cosas buenas y malas. Intento centrarme en las buenas y disfrutar lo que puedo de este mes.

¿Y cómo ha sido mi primera guardia? Intensa. Me tocó estar en boxes, así que además empecé bastante asustada porque eso significaba tener que manejar patologías muy médicas y pacientes mayores con comorbilidades. Al principio me pegué como una lapa al R mayor, vi lo que hacía y le preguntaba absolutamente todo. Lo mismo hacía con los adjuntos que estaban a parte firmando altas. Debieron de pensar que era tonta o algo, pero es que antes de hacer nada sola quería pedir opinión y no tener ninguna duda al respecto.

Pero luego la guardia se estaba volviendo mala, así que no dudé en asumir ya tareas propias y ponerme a historiar algunos pacientes. Mis primeras historias fueron un desastre: se me olvidaba hacer preguntas importantes en relación con los síntomas para detallar mejor la historia actual, hacía la anamnesis de forma desordenada… Me noté muy torpe. Es lo que tiene estar todo un año sin pisar el hospital, que cuando vuelves a la carga ya no te salen las cosas tan bien como cuando lo dejaste. Creo que mi yo de 3º de Medicina lo hacía mejor y todo 😦 .

Con el tiempo cogí más soltura y hacía unas anamnesis y exploraciones bastante decentes. Al principio preguntaba mucho (pedía confirmación, básicamente) sobre las pruebas que había que pedir, pero luego, a medida que avanzaba la noche, ya conocía algunos de los protocolos de urgencias para ciertos motivos de consulta e iba más rápida y autónoma. Lo que todavía me cuesta mucho es el tema de los tratamientos. Al no haber nunca estudiado dosis de fármacos no tengo ni idea, no sé si les pongo mucho o poco; por eso siempre pregunto al R mayor si le pongo tal medicamento y de cuantos gramos.

El mejor momento de la guardia, para mí, es cuando sales a comer, cenar o desayunar con los compañeros y te pones a hablar de otras cosas. Así pude conocer a algunos R2 y R3 del hospital, porque hasta ahora sólo tenía relación con mis compañeros R1 de otros servicios y con los de oftalmo. Es un momento en el que puedes desconectar del todo, enterarte de cotilleos o simplemente quejarte de lo que quieras XD .

Cuando volví de cenar me di cuenta de que la guardia estaba siendo mala de narices. Tanto, que incluso mi R mayor me dijo que era posible que no pudiésemos partir la noche. Andábamos incluso bromeando con que nos vino un autobús repleto de pacientes XD . Al final lo arreglamos y lo dejamos más o menos controlado, por lo que pudimos partir. Me recomendaron dormir en el segundo turno al ser mi primera guardia y ser el más llevadero porque luego te puedes despertar a la hora que tú quieras en la habitación del hospital. Me alegra mucho haberles hecho caso porque creo que si me despierto a las 4 y tengo que bajar a seguir viendo pacientes no soy persona y miedo me da prescribir medicamentos así.

A partir de la 1 estábamos yo y otra residente haciendo historias y pidiendo pruebas, con un solo adjunto supervisando y dando altas. Siguieron viniendo muchos pacientes, pero al menos yo ya me manejaba bien con el programa informático del hospital y ya sabía pedir las pruebas y pautar analgesias, así que cogí ritmo y pude ayudar a mi pobre compañera que la dejaron sola conmigo. Así hemos estado hasta las 4: agudización de una EPOC, dolor abdominal, neumonía que ingresó en neumo, cefalea a la que pedimos un TAC, etc, etc. Empecé a tener mucho sueño cuando nos dieron las 2 de la mañana y vi que faltaban todavía dos horas para irse a dormir. Lo bueno de tener una carga de trabajo importante es que el tiempo se te pasa más rápido y creo que por eso me pude mantener alerta y más o menos despejada durante esas horas tan críticas.

Y, finalmente, volvieron los resis que se fueron a dormir y nos pudimos marchar. ¡Mi guardia había terminado! Pensé que no iba a dormir nada; de hecho, estuve como media hora dando vueltas, un poco nerviosa por haber estado tantas horas trabajando tan intensamente. Pero finalmente me dormí, de puro cansancio. Me desperté cerca de las 11 del día siguiente. ¡Qué sensación más extraña! Abrí los ojos en la habitación del hospital y por un momento no sabía ni dónde estaba.

Había dormido unas 7 horas y me encontraba bastante bien, como si hubiese salido de fiesta el día anterior y dormido después 8 horas. De hecho, una vez en casa, hice vida normal: hice la compra, la colada, vi la tele, leí algunas cosillas de oftalmo… Pensé que estaría en peores condiciones XD . Ahora comprendo las ventajas de ser segundo turno jaja. Creo que la he aguantado muy bien por lo de que en mi hospital se parte normalmente la noche; de tener que trabajar 24h seguidas sin dormir nada no sé yo si estaría tan contenta XD .

No me puedo creer que ya haya hecho mi primera guardia, ¿pero yo cuándo me hice tan mayor? Si hace casi nada estaba yo de estudiante por el hospital y hoy le he estado explicando cómo interpretar un ECG a una estudiante de tercero que está con nosotros este mes. El tiempo vuela, nosotros crecemos, evolucionamos… En un abrir y cerrar de ojos (nunca mejor dicho) tendré que hacer una entrada explicando cómo fue mi fiesta de despedida de R4 jaja.

Seguiremos retransmitiendo 🙂 .

Cursos y más cursos

¡Hola!

Hacía mucho tiempo que no escribía por aquí y me apetecía actualizar. Lo cierto es que ya han pasado muchas cosas y eso que tan sólo llevamos una semana (¡ni eso!) de Residencia.

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Porque sí, porque ya hemos empezado la Residencia. Pensé que nunca llegaría este momento y me lo imaginaba diferente. También me imaginaba que yo misma sería diferente a como soy ahora.

Reconozco que hace unas semanas no paraba de darle vueltas a mi decisión y si ésta ha sido la más acertada. Creo que existe mucha presión externa para escoger diferentes especialidades (numeritis) y también hospital (hospitalitis), siendo esto último lo que más dolores de cabeza me dio. Ahora que ha pasado una semana me siento más agusto en mi hospital, en el que yo me formé como estudiante, y también con mi servicio, ya que cuanto más conozco a los compañeros más cómoda me voy sintiendo.

No ha pasado una semana y es como si hubiera pasado un mes por lo intenso que está siendo todo: conocer a nueva gente, las cenas de despedida de los R4 y a las que he estado invitada, nuestra cena de bienvenida, nuestra fiesta de bienvenida, un grupo de WhatsApp donde cada poco hay un plan interesante y siempre se apuntan como mínimo 10 personas, las novatadas, el buen humor. Esto es como volver a los 18 años cuando empiezas la universidad, sólo que aquí al menos tienes una nómina y un poquito más de ilusión.

Esta semana la tenemos dedicada exclusivamente a cursos: algunos más interesantes, otros no tanto. Lo cierto es que mi especialidad es muy específica y hay ciertas cosas que no voy a manejar, pero bueno, el saber no ocupa lugar y, al menos, estas más tiempo con los compañeros y vas haciendo ejercicio de memoria para recordar nombres y caras.

A finales de esta semana ya sabré cuando me toca hacer guardias (ay mamá). La Residencia empieza, estemos o no estemos listos. Tengo unas ganas enormes de aprender y dar lo mejor de mí misma y, lo mejor de todo, es que ahora no tengo que esperar para ello. Ahora empieza todo.

PD: Quiero felicitar a todos los compañeros que se gradúan estos días. ¡¡Felicidades!! Es vuestro merecido momento y hay que disfrutarlo. También desear mucha suerte a los que van a comenzar a preparar el MIR y a los que lo repiten. ¡A por todas!

Todo cambio importante en la vida empieza con… Muchos papeles.

¡Hola!

montac3b1apapelesDespués de tener ya la plaza (DIOS MÍO QUÉ ILUSIÓN QUE YA SOY RESIDENTE NUNCA PENSÉQUELLEGARÍAESTEMOMENTO), ¿cuál es el siguiente paso? Pues hacer un montón de trámites burocráticos sin volverse loco. En eso estoy ahora mismo. Ya tengo hecha la colegiación (BIEEEEEN), lo de los delitos sexuales, unas fotos tamaño carnet en las que, por mucho que lo he intentado, no salgo del todo bien (es que cada uno tiene que aceptar sus límites… No sé salir bien en las fotos, es lo que hay XD ), la cuenta en la que voy a domiciliar la nómina (espero que el banco no me haya timado y, lo que son 0 comisiones, sean 0 comisiones). Aún así me faltan varias cosas por hacer, pero bueno, poco a poco.

Pero no escribía para decir cómo llevo lo del papeleo, qué va. Venía, digamos, a presentar lo que va a ser el nuevo blog. Lo que ha sido Mi Maratón MIR se ha acabado como tal, aunque volveré a revivir la experiencia pero esta vez como tutora de academia. No descarto escribir más entradas sobre la preparación del MIR en el futuro, además de que responderé como hago siempre todos los comentarios, pero sí es cierto que me gustaría reorientar la temática del blog hacia otros temas como la propia residencia de Oftalmología o la divulgación de contenidos de esta especialidad (será un “a mí me lo han enseñado, yo lo he aprendido, yo te lo enseño”). He cambiado el título a Let there be light, como intentando hacer homenaje a la labor del oftalmólogo. Y es que… Hacer que un paciente vuelva a ver es algo que no tiene precio.

Os espero entonces donde siempre, sólo que ahora se llamará Let there be light 🙂 .

Mi recompensa: ¡Mi plaza!

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Allí estaba yo. Después de tantas horas de viaje, callejear la tarde anterior y agobiarme un poco por el calor primaveral madrileño, ya estaba plantada en la puerta lateral del Ministerio de Sanidad. En seguida nos juntamos los 350 médicos citados para esa sesión. ¡Cuánta gente! ¡Y de todas partes! Por suerte de cuando en cuando me encontraba con alguien conocido y así tenía con quién charlar. Qué bien, ¡así se espera mejor!

En ese momento estaba “relativamente” tranquila. Pero luego nos hicieron entrar en el edificio y empezaron a llamarnos por número de orden. Ahí sí que me empecé a agobiar: hacía mucho calor, había mucho ruido, empezaba a estar nerviosa por la elección… Al final llegó mi turno y pude enseñar el DNI, pasar el detector de metales y recibir la acreditación para entrar en el famoso salón de actos. ¡Al menos ahí dentro se estaba mejor!

Miraba a mi alrededor. Había de todo: gente muy entusiasmada y alguno muy nervioso que no paraba de mirar a una lista ya muy arrugada. Entonces estábamos todos en silencio, como en un trance. Se me hizo interminable la espera, pero al fin la funcionaria de la mesa comienza a darnos las instrucciones y, casi una hora después, empezamos con la asignación de plazas.

Tenía a un montón de personas por delante, así que con la calma. Me esperaba algo un poco más emocionante; echaba en falta algún aplauso o algo cada vez que alguien elegía plaza. Estábamos todos como muy concentrados, no se oía a nadie hablar. Yo estaba en mi mundo, como viendo qué escogían las personas de mi turno pero sin asimilarlo bien. De cuando en cuando escuchaba un nombre conocido que escogía su plaza: ¡qué bien! ¡Buena elección! Otras veces la funcionaria decía la especialidad que quería hacer y me daba un vuelco al corazón. ¿Toca tachar ya algo o todavía no toca? Ah, no, que cogió en otro sitio. Pero el temido momento llegó: adiós segunda opción, ¡no pudo ser! Así que o era mi primera opción o la tercera, además de otras muchas en las que quedaban todavía plazas sueltas. De cualquier forma, mi lista iba menguándose y empezaba a pensar que si no tendría que haber visitado más hospitales. Durante un largo rato nadie volvió a escoger mi especialidad, pero pasados unos cuantos números de orden volvía a escuchar el nombre de mi especialidad, sólo que eran plazas de otras ciudades. ¡Uf, alivio! Y, en resumen, así ha sido la elección: esa montaña rusa emocional en bucle durante muuuuuuuucho tiempo.

Hasta que nos llaman a mí y a otras 10 personas para bajar a la mesa. Entonces me despierto de mis ensoñaciones y asimilo que me toca ya. ¡Eh, pues ya es muy probable que me toque mi primera opción! Va pasando un compañero, otro, otro, otro… Hasta que me da por echar cuentas. Espera… ¡Ya está! ¡Ya es mía! ¡Hay menos aspirantes por delante de mí que número de plazas disponibles para lo que quiero! ¡¡¡¡¡Síiiiiii!!!!!

Finalmente me acerco a la mesa. Intento no trabarme ni hacer el ridículo (¡qué nervios!) y le digo al funcionario lo que quiero. Compruebo que está bien… ¡¡¡¡ENTER!!!!

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¡¡¡¡Síiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii!!!!

Pero, espera, ¿no me tienen que dar una acreditación? Ah, que es al final del pasillo. Supongo que lo habrán explicado al principio, pero estaba tan en mi mundo que o no me di cuenta o no me acordaba ya XD .

Luego salí… Y vi a mi familia, a algún amigo, gente a mi alrededor celebrándolo… Me sorprendió muchísimo. Fue como cuando salí de hacer el examen MIR aquel 28 de enero y. de repente, vi a toda aquella gente animándonos, con pancartas… Empiezo a tener un subidón, me lloran los ojos… Lo he logrado.

Muchísima suerte a todos los que os toca coger plaza. Es un momento inolvidable, precioso… Uno lo pasa algo mal dentro del salón de actos, pero merece la pena.